¿Alguna vez has tenido una idea tan grande que te asusta un poco? Para mí, esa idea era un viaje de 500 kilómetros en bicicleta desde Buenos Aires hasta Córdoba. Al principio, era solo un murmullo, un «quizás algún día». Se sentía como una montaña imposible de escalar. Algunos dirían que soy un poco «cabeza dura», y para un desafío como este, sabía que esa terquedad no era un defecto, sino mi mejor combustible. Aun así, mi mente se llenó de preguntas:
- ¿En qué momento del año sería mejor intentarlo?
- ¿Cuánto tiempo y dinero necesitaría realmente para algo así?
- ¿Debería lanzarme a la aventura solo o buscar compañeros de viaje?
El sueño era emocionante, pero también abrumador. Me di cuenta de que un sueño, por más audaz que sea, necesita un mapa para convertirse en realidad. Y así, empecé a dibujar el mío.
——————————————————————————–
Transformando el Sueño en un Mapa
Decidí que la única forma de conquistar esa montaña era dividirla en colinas más pequeñas y manejables. Pero antes de trazar una sola línea en el mapa, me sumergí en foros y hablé con ciclistas que ya habían hecho locuras como esta. Sus consejos fueron mi primera brújula. Este proceso, lejos de ser aburrido, se sintió como el verdadero primer paso de la aventura. Cada pequeña decisión era un pedalazo hacia mi meta.
El Primer Desafío: ¿Estaba Realmente Listo?
Me encanta andar en bicicleta, pero una cosa es dar un paseo por el parque y otra muy distinta es pedalear 500 kilómetros. Lo primero que hice fue lo menos glamoroso pero lo más importante: una autoevaluación honesta. Fui al médico, me hice un chequeo completo y luego visité a un deportólogo. Tenía que asegurarme de que el «motor» de esta aventura —mi propio cuerpo— estuviera en perfectas condiciones.
Esta fue mi primera gran lección: todo gran proyecto comienza con un análisis sincero de nuestras propias capacidades. No puedes construir un rascacielos sobre cimientos débiles.
Mi Fiel Compañera y lo que Necesitábamos
Después de confirmar que estaba sano, era hora de hacer un inventario. Me senté y analicé con humildad lo que tenía y lo que me faltaba. Puse todo sobre la mesa, creando una especie de balance general de mi aventura.
| Lo que tenía | Lo que necesitaba |
| Una bici fiel, muchísima constancia y una actitud de «cabeza dura». | El «OK» del médico para asegurar que mi cuerpo aguantaría el trote. |
| Ahorros suficientes para bancar la aventura. | Ropa técnica adecuada, alforjas y un entrenamiento específico. |
| Un celular con GPS para no perderme. | Consejos de otros ciclistas que ya hubieran hecho travesías similares. |
Verlo así, en blanco y negro, hizo que lo que «necesitaba» pareciera menos un obstáculo y más una lista de tareas por cumplir.
Dibujando el Camino, Kilómetro a Kilómetro
Con mi cuerpo y mi equipo en mente, llegó el momento de trazar la ruta. ¿Iría por rutas de asfalto con más tráfico o me aventuraría por caminos de tierra más tranquilos? Decidí dividir el viaje en etapas de unos 50-60 kilómetros por día. Luego, creé mi lista de verificación de explorador para no olvidar nada:
- Vestimenta: Más allá de la ropa cómoda, pensé en guantes para las manos, ropa para la lluvia por si el cielo se ponía difícil y mudas suficientes para el viaje.
- Seguridad: La seguridad no era negociable. Además de un botiquín bien surtido, incluí elementos reflectantes para que me vieran bien en la ruta y protecciones para brazos y rodillas.
- Comida: La gran pregunta: ¿sería un chef de campamento o un cliente de restaurantes locales? Esto definía si necesitaba cargar con un kit de cocina, añadiendo peso vital a mi equipaje.
- Apoyo: Le pedí a un amigo que monitoreara mi avance diario por GPS. También armé una agenda con contactos de familiares en el camino y hasta pensé en un plan B para el dinero: un fondo de emergencia o contactar a posibles «padrinos» del viaje por si surgía un imprevisto mayor.
Con el mapa de mi aventura ya dibujado, solo faltaba ponerle fechas y empezar a caminar… o, mejor dicho, a pedalear.
——————————————————————————–
Poniéndole Fecha a los Sueños: El Calendario de la Aventura
Una planificación sin fechas es solo una lista de deseos. Para que todo fuera real, necesitaba un cronograma. Decidí que el viaje sería dentro de un año, lo que me daba tiempo suficiente para prepararme sin excusas. Empecé por lo más urgente: la preparación física. Así se vio mi primer mes:
- Semana 1: Pedir la cita con el médico para solicitar los estudios.
- Semana 2: Realizar todos los análisis y pruebas necesarias.
- Semana 3: ¡Recibir los resultados! (Afortunadamente, ¡todo en orden!).
- Semana 4: Visitar al deportólogo con los resultados en mano para obtener mi plan de entrenamiento y dieta.
Por supuesto, sabía que este plan no era estático. ¿Qué pasaba si un estudio se retrasaba? Tenía que ser flexible y entender que el calendario era una guía, no una ley inquebrantable. A veces, los planes cambian, y la capacidad de adaptarse es una habilidad clave para cualquier aventurero.
——————————————————————————–
La Gran Lección: Planificar es Empezar a Viajar
Al final, entendí algo fundamental: la planificación no es un obstáculo aburrido que se interpone entre tú y tu sueño. La planificación es la primera y más importante etapa del viaje. Cada hora que invertí investigando rutas, cada peso que ahorré para el equipo y cada kilómetro que sumé en mi entrenamiento fue parte de la gran aventura a Córdoba.
Lograr un objetivo monumental requiere mucho trabajo y constancia. Es ese esfuerzo previo, esa dedicación silenciosa, lo que finalmente te lleva al éxito y convierte un sueño lejano en una increíble realidad tangible. Así que, si tienes una idea que te asusta un poco, no huyas. Agarra un lápiz, un papel, y empieza a dibujar tu propio mapa. Estarás más cerca de lo que imaginas.